Ritual y Conjuro
Un ojo en una jarra destella, reflejando la luz de las de las velas, que iluminan la habitación. Arrojan sombras sobre los libros y en las esquinas, entre los ingredientes para conjuros y pociones. La sala acostumbra a ser un remanso de paz, un lugar de estudio, un laboratorio para las brujas mayores de la orden. Pero no hoy. Hoy se va a llevar a cabo un ritual muy especial.
Entrando en la sala, Arsenic no puede evitar sentirse nerviosa. Sólo está permitida la entrada a aquellos miembros que forman parte del aquelarre, o a aquellas aspirantes dispuestas a enfrentarse a las pruebas de la Diosa para pasar a formar parte de su orden. Pocas acólitas entran en esta sala, y menos salen. Las probabilidades están claras. Y, sin embargo, es su deber intentarlo. Para eso fue creada, para servir a la diosa Pallette.
Las puertas se cierran de un golpe, efecto de la Mano de Mago de alguna de las brujas del aquelarre. En el convento de Pallette no se aceptan sólo a monjas y a acólitas: también se aceptan usuarias de la magia arcana, siempre y cuando la dediquen a la diosa creadora y no al resto del panteón. Ser completamente incapaz de usar magia es algo extraño en el aquelarre, pero la incapacidad de Arsenic para ésta siempre ha sido achacada a su juventud. En el fondo, apenas fue creada cinco años atrás, y los materiales fueron de primera calidad. Si su cabeza inicialmente perteneció a una gran maga, que tristemente muriera prematuramente por un envenenamiento por arsénico, seguro que al reciclar los materiales para la creación de Arsenic esa habilidad para la magia arcana debía haberse mantenido.
Por eso Arsenic debe realizar el ritual y conseguir el favor de la Diosa, para despertar su magia latente. En el fondo, su corazón de reloj fue imbuido con magia por su creadora, ¿qué mejor corazón para la mejor servidora de Pallette? Los homúnculos son raros, aunque no tanto como para que nadie se plantee la posibilidad de que la existencia de Arsenic sea investigada, y aún menos la procedencia de sus partes. Y por eso, Arsenic está preparada para servir a la Diosa como mejor ésta desee.
—Acólita, estás a punto de adentrarte en un ritual del que muy pocas sobreviven —instruye la Bruja Mayor, la maga más vieja de la orden—. Es nuestro deber asegurarnos que lo completas, lo que indica que no podemos ayudarte en el proceso, ni podemos revivirte en caso de que mueras. ¿Aceptas las condiciones?
—Sí, señora.
—Muy bien. Ponte en el centro del círculo mágico y empezaremos.
No ha terminado de hablar cuando el resto del aquelarre empieza a entonar un cántico en silvano, la lengua de los seres feéricos: la lengua de Pallette. En cuanto Arsenic se coloca en su posición en el centro del círculo mágico, el aquelarre se cierra en torno a ella, impidiéndole huir, impidiéndole esconderse. Acostumbrada a esconderse entre las sombras del convento y a pasar desapercibida en sus viajes secretos a la alacena o a la biblioteca, la sensación es cuanto menos desagradable. Pero rápidamente la Bruja Mayor se pone a entonar otro cántico, en la lengua arcana, el dracónico, acompañada por la Druida Mayor y la Hechicera Mayor, cada una entonando un hechizo distinto. Están llamando a los poderes de la Diosa y será Pallette misma la que pase veredicto.
El hechizo no parece estar actuando, cuando el suelo dentro del círculo malo desaparece y Arsenic cae por el agujero, dejando atrás el convento y el aquelarre. En las paredes del túnel hay dibujos de espejos con diferentes posiciones y diferentes estilos, pero todos ardiendo y brillando con todos los colores del arcoíris: el símbolo de Pallette. La prueba ha dado comienzo.
Las imágenes van modificándose, poco a poco los espejos se hacen más grandes y sus colores se organizan y se separan, creando imágenes: el río contaminado de Katasburgo, brillando neón en la noche; una estatua de mármol con alas, volando sobre el campo de batalla tocando la viola; la escuela de bardos, con las puertas abiertas en la oscuridad de la noche; una monja rezando, un bastón largo con un manojo de llaves en el centro reposando a sus pies; un caldero chorreante; una paladina de Sigil; herramientas de herboristería; un hada verde; una máscara de zorro; una daga; una ventana; una puerta; un pergamino; una mancha de tinta… Llega un momento que son demasiado rápidas para el ojo humano, que en el fondo es lo que eran los ojos de Arsenic antes de que su portador los donara benévolamente a la causa tras una dosis letal de arsénico.
La caída empieza a ralentizarse, efecto de un Caída de Pluma que Arsenic no ha lanzado. Es una armería normal, de hecho parece ser la armería del convento: muchas varitas mágicas, aún más báculos de hechicería y una cantidad considerable de arcos largos en honor a la Diosa ocupan el lugar. En la esquina, están el estoque y la daga de Arsenic, cuidadosamente depositados ahí horas antes por ella misma en preparación para el ritual. Qué curioso que éste la haya devuelto precisamente aquí.
Está ajustándose la espada al cinto cuando las paredes empiezan a temblar. Se oye un retumbar de fondo, que va creciendo y acercándose. Viene de las profundidades. Arsenic desenfunda las armas, preparada para luchar contra lo que haga falta. Hay que proteger al culto, cueste lo que cueste. Intenta abrir la puerta, pero es falsa. No es la armería real, de eso no cabe duda. Y está atrapada, obligada a luchar. Cuando el suelo explota hacia arriba, por la presión de lo que viene de abajo, Arsenic no puede hacer nada para evitar ser lanzada contra la pared y perder el conocimiento mientras la armería, el convento, Katasburgo y el mundo de desmoronan a su alrededor.
El ritual sigue en proceso. Arsenic se ha colapsado dentro del círculo, lleva varios minutos sin respirar, pero el círculo mágico sigue iluminado: el ritual sigue activo, y ninguna de las brujas del aquelarre puede interrumpirlo. Siguen entonando el cántico, combinando el poder de la Diosa con la magia arcana más avanzada, conectando a Arsenic con la Diosa y transformando sus presagios y deseos en una ilusión que sólo existe para la joven acólita. La misma que lleva más de cinco minutos sin respirar.
Finalmente la luz del círculo mágico se apaga y Pallette da por concluido el ritual, abandonado la sala y pausando el canto mágico de la druida y la clériga. El resto del aquelarre también abandona sus cánticos, dejando que la magia siga su curso natural y dispersando los efectos de la magia. El silencio sería sobrecogedor, de no ser por los sollozos que lo puntúan. Sollozos que provienen de Arsenic, hecha un ovillo en el medio del círculo y respirando con dificultad a través de las lágrimas.
—Hoy hemos presenciado uno de los ritos más especiales que nunca serán vistos por este aquelarre —anuncia la Bruja Mayor—. Nuestra acólita Arsenic, creada en este mismo convento usando técnicas de magia y de alquimia avanzadas, acaba de pasar la prueba de Pallette. La Diosa ha adorado a nuestra joven bruja, y le ha encomendado una misión única. Debe salir de estos muros y enfrentarse al mundo de fuera, a la maldad de Katasburgo. Es su deber interactuar con el colegio de bardos, convertirse en una sirvienta de la diosa capaz de enfrentarse a todos los peligros, crear su propio aquelarre y prepararse para el futuro. Ha hecho un descubrimiento muy importante, y es su deber prepararse, en nombre de la Diosa, para su advenimiento. Arsenic ha sido aceptada como una bruja más de este aquelarre, si bien su deber va a llevarla mucho más lejos de las paredes de este convento. Que la Diosa os proteja y que la magia os guíe.
El aquelarre se dispersa y Arsenic se queda sola en el círculo. Ha superado la prueba, sí. ¿Pero a qué precio? La Diosa la ha aceptado, pero también le ha dado una misión imposible. Algo viene de las profundidades, algo a lo que Arsenic deberá enfrentarse… Algo que la ha matado en la visión. A ella y a todo el mundo.
FIN
- Este relato forma parte del Reto de Escritura #Origireto2019, organizado por Stiby, de Sólo un capítulo más, y Katty, de La Pluma Azul de KATTY.
- Este relato, de 1219 palabras, corresponde al objetivo 17, Haz un fanfic. En este caso es un fanfic de una partida muy modificada (una homebrew, como se les llama) del juego de rol Dragones y Mazmorras (Dungeons & Dragons), 5a edición. Gran parte del homebrew es trabajo del Game Master de la partida: Salvador Bas Folch.
- Para esta historia se incluyen los objetos 34, una resurrección, y 36, una estatua de piedra.
- Para Medallas, este relato incluye la destrucción del mundo, cumpliendo 5/3 para Destino Funesto. Está protagonizado por una mujer, cumpliendo 12/6 para Feminista.
- Podéis encontrar el resto de mis entradas para el #Origireto2019 aquí, y las de Neswina aquí. O, en su defecto, los de ambas aquí.









